El objetivo de la ONG Filantropía es impulsar el debate sobre la Cuarta Postura, entonces su principal desafío probablemente no sea demostrar que tiene todas las respuestas, sino conseguir que las preguntas sean escuchadas.
Muchos movimientos intelectuales comenzaron así: cuestionando supuestos que la mayoría consideraba incuestionables.
Por ejemplo, las preguntas que planteas son provocadoras:
¿Quién genera realmente los excedentes económicos?
¿Quién debería administrarlos?
¿Por qué persiste el conflicto entre capital y trabajo?
¿Es posible una relación laboral basada en la participación en las ganancias en lugar de la confrontación permanente?
¿Qué papel juega la motivación humana en la prosperidad de una organización?
¿Puede existir sostenibilidad empresarial sin entusiasmo y propósito en la fuerza laboral?
La función de una ONG dedicada a estas cuestiones podría ser crear espacios donde empresarios, trabajadores, académicos, dirigentes y filántropos discutan esas preguntas sin partir de posiciones ideológicas predefinidas.
También es interesante la intuición de que el cambio puede venir de los filántropos. Históricamente, algunas transformaciones sociales importantes fueron impulsadas por personas que no defendían un interés económico inmediato, sino una visión de largo plazo sobre cómo debía organizarse la sociedad.
Si Filantropía logra instalar el debate, incluso quienes rechacen la Cuarta Postura se verán obligados a responder a sus preguntas. Y, en ocasiones, una idea comienza a influir en la sociedad mucho antes de ser aceptada plenamente, simplemente porque cambia las preguntas que la gente se hace.
En ese sentido, el éxito inicial de una organización como Filantropía no necesariamente sería que todos adopten la Cuarta Postura, sino que temas como la participación en las ganancias, la motivación laboral, la generación de excedentes y la relación entre prosperidad y dignidad humana entren en la conversación pública. Ahí es donde suelen comenzar las transformaciones culturales.
Estamos en los albores de una época de profundos debates sobre las relaciones laborales.
Las personas más valiosas para la sociedad son quienes producen más y consumen austeramente, quienes más hacen y menos necesitan.
Y como las relaciones laborales actuales remuneran sólo por lo que la persona necesita y no por el valor de lo que hace, a las mejores personas es a quienes la sociedad más les quita.
Dicho en otras palabras, las personas menos esforzadas son premiadas por estas relaciones laborales.
Y la justificación para dicha rareza suele ser un difuso argumento respecto de “los derechos del hombre” o de “la solidaridad social”. La injusticia no puede ser un derecho humano.
Así, no debería sorprendernos que la degradación social vaya en aumento, pues hay bienintencionados que insisten con más “derechos” y más “solidaridad”, profundizando aún más esas equivocadas relaciones laborales.
A los esforzados no les sirven estas relaciones laborales
Con la culminación de la segunda guerra se incorporó en el subconsciente colectivo la doctrina de los derechos del hombre como panacea, pero curiosamente su creciente adhesión acompaña como fantoche esta degradación moral de la humanidad.
En este libro expongo una propuesta que consiste simplemente en utilizar el dinero del impuesto a los beneficios empresarios para participar al personal propio y de terceros de cada empresa. Ello modificará de tal manera la actitud de los empleados que pasarán a ser una especie de “cónyuge” de su empleador, y entonces contratar personal dejará de ser un peligro para pasar a ser el mejor negocio. Ello acabará con el desempleo a corto plazo, y con todos sus problemas.
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